Cuento 1, a partir de una pintura de Julio Galán.
“EL SUPERHÉROE DESPISTADO”.
Jesús Trejo Herrera
Marisol Pichardo Solís
Francisco Javier Cabral Enciso
Alma Adela Guerrero López
Sin saber, el superhéroe despistado no podía creer lo que veía por su cuadro de visión, en una habitación estaba un observador con ojos de fuego viendo la televisión, en otro una extraña gitana recogía flores para su jardín, en el fondo un budista se elevaba en su flor de loto, pero lo más sorprendente era ver a un perro rampante con un puñal en la mano a punto de darle cuello a la Bella Durmiente, todo porque no había desayunado y quería quitarle un rico coctel de camarones que la bella estaba a punto de comer. El perro asesino muy cauteloso se deslizaba por una cuerda y estaba a punto de asestar una puñalada trapera a la Durmiente.
Sin saber en lugar de cumplir con su papel de héroe e ir al rescate de Bella se divertía viendo la escena, pero justo cuando iba a encajar el cuchillo, un pequeño elefante de marfil cayó al piso, eso hizo que el superhéroe entrara en acción, se deslizó por la puerta y forcejeó con el perro y le quitó el cuchillo, y en un descuido se atoró con su capa, rodó por el piso y apuñaló a la Bella Durmiente. El perro asesino tomó su coctel y se fue feliz a disfrutarlo en la playa.
fin
Cuento 2, a partir de una pintura de Julio Galán.
Emerick Renteria
Hermelinda Luna
Maureen Harkins (Molly)
Laura Gemma Flores
Entonces decidí que ya era tiempo de alcanzar mi libertad, -yo sería uno de ellos si no hubiera caído en las trampas del deseo-. Recuerdo que al verla imaginé que era tan dulce como una “Tres Marías” (chocolate, fresa y vainilla) que se derretía en mi boca hasta que mi esposa se apareció y se convirtió en una perra.
Con su mano me acariciaba y en el momento me olvidaba de la perra de mi esposa, quien castrante vejaba mi libertad y la hacía añicos ante los mudos testigos de los santos que vigilaban nuestro hogar. Mi padre omnipresente, omnisciente, vigilante frente a cada uno de mis actos sesgó mi frescura juvenil. Me quedaban dos salidas: una pequeña y estrecha fuera de mi alcance y una soga para una salida más fácil. Había decidido por esta última de no ser porqué una sombra tras de mí se apoderó de mi soga. Me quedé como un elefante de circo, obedeciendo las órdenes y latigazos de mi verdugo. Mi capa, volante que representaba mis sueños de niño, como aquellos superhéroes que podían atravesar el muro. Quedó suspendida en el aire como la mano impávida de mi amada.
fin
Cuento 3, a partir de una pintura de Julio Galán.
VENTANA A LOS AYERES.
Jorge Alberto Bernal Reyes
Francisco Carreón Mez
Fátima Ma
Irma Castrellón Reyes
José Emilio Rábago
Cuando Matilde se fue me hizo pensar en mi propia historia. En el jardín de mama, en la foto del abuelo que no conocí. El helado de los domingos después de la iglesia al doblar la esquina de la tienda. Yo tenía a mi perro “bandido”, él siempre me defendía cuando me hallaba en aprietos. Cuando Juan y Pedrito quisieron alcanzarme por haberles robado su torta en el recreo, “bandido” se lanzó contra ellos a mordidas, parecía tener la confianza de cuando se carga un filero encima.
Así era mi infancia, soñando en hazañas de superhéroes con capa alzada. Recuerdo la ventana de mi habitación, por donde ahora miro recordando a Matilde que no le aguantó el corazón y de pronto desfalleció. Cuando tenía nueve años la ventana era grande, enorme, y ahora apenas miro por ella.
fin
Cuento 4, a partir de una pintura de Julio Galán.
Brandon Fernández
Olivia Correa
Antonio Martínez Pérez
José Medina Gallardo
Luis Gerardo Martínez
Alfredo Medina Delgado
El grafiti del adolescente irritado observaba atentamente a Juliancito, quien ponía toda su atención en las imágenes que le regalaba la pequeña apertura en su pared. Ya habían caído varias de sus manos al intentar alcanzar la cuerda de la que se balanceaba Boxer, este perro travieso rebanaba los brazos de Juliancito, quien no se preocupaba porque las manos y brazos se regeneran cuando llevas puesta la capa de puntos que le regaló la dama del abismo.
Pero la dama del abismo comenzaba a inquietarse, pues el inquieto perro intentaba desgarrar la capa de Juliancito, quien no advertía el peligro que esto implicaría.
fin